1¾«z?@@@@@ALA AVERSIÓN DE LOS FÍSICOS POR LA METAFÍSICA.(III) Ya se ha comprobado que la Metafísica es una ciencia que evoluciona historicamente. Pero también la Física es histórica, y va modificando también ella su organización interna, sin que la evolución comprometa su legitimidad. Pero los adversarios de la metafísica no se ponen de acuerdo. Hay quienes fundan su crítica en una vaga convicción de que la metafísica es incapaz de renovarse, y por tanto es algo superado, pues ella representaría un cierto "punto de vista", unánime en sus cultivadores, y tan inalterable como anticientífico. De otra parte, hay quienes basan su decreto de ilegitimidad en el hecho de la pluralidad de sistemas metafísicos. Kant veía en la historia de la Metafísica una confusión inextricable de doctrinas incompatibles. Éste es un punto de vista común. Hay que insistir, por el contrario, en el carácter orgánico que tiene su evolución, como lo tiene el de la Física. Frente a esta discordancia de sistemas metafísicos, la Física sería el paradigma de una ciencia concordante y uniforme. Pero, si este segundo criterio anula el anterior, en cambio queda él mismo anulado por el hecho no menos patente de la pluralidad de teorías que constituye la historia de la Física. Está probado que no hay uniformidad en Metafísica. Sin embargo, como también está probado que no hay uniformidad en Física, ni siquiera en una misma época, esta ciencia quedaría igualmente invalidada, si se le aplicase el mismo criterio que a la Metafísica. La evolución de una ciencia no pone en peligro la firmeza de su fundamento. Los problemas no quedan suprimidos cuando un determinado sistema se muestre incapaz de resolverlos, lo mismo en Física que en Metafísica. La una y la otra (en verdad, todas las ciencias) obedecen en su formación y evolución a unas mismas leyes históricas. La legitimidad de una ciencia no depende, pues, del acierto absoluto y definitivo de las teorías que se formulen dentro de su campo. Si así no fuera, ninguna ciencia sería legítima, pues ninguna quedó ni quedará jamás estacionada en un sistema de verdades inmutables. No son las soluciones, sino los problemas, los que permiten resolver categóricamente la cuestión de la legitimidad. Prescindir de la autenticidad de los problemas, y basarse tan sólo en los errores o las incorreciones de un autor, para inferir de ahí la ilegitimidad integral de la ciencia que él cultiva, es un procedimiento sofístico, del cual ofrece un filósofo analítico neopositivista como Carnap un ejemplo típico. Así, en su libro "La superación de la Metafísica por medio del análisis lógico del lenguaje" dice el siguiente sofisma: "El metafísico nos dice que no pueden especificarse condiciones empíricas de verdad; ésta es una falsa imputación, a la que no pueden eximir de culpa ni su trivialidad, ni la ignorancia que denota de la historia de la filosofía". Por otro lado dice:"la carencia de sentido de la Metafísica" consistiría en que ella emplea "proposiciones sin sentido", como llama el neopositivista Carnap a las que no son susceptibles de verificación empírica. Aparte de que esto tampoco es cierto en todos los sentidos, resultaría de este criterio que la Física es una ciencia sin sentido, pues emplea con frecuencia proposiciones y conceptos de alto rango a los que no corresponde ningún objeto de la experiencia. Por ejemplo, al formular el principio de inercia, Newton no tenía dato empírico alguno de un movimiento rectilíneo y uniforme, o de un cuerpo en estado de reposo. O mejor dicho, esos estados eran falaces: eran simples apariencias empíricas que el principio de inercia tomaba literalmente. Más ilustrativo aún el el concepto de éter, que la Física introdujo después, y al cual no corresponde dato empírico alguno, falaz o verdadero. Los analíticos neopositivistas como Carnap y todos los físicos que explican su aversión a la Metafísica desde el neopositivismo, están obligados a explicar, mediante un análisis lógico del lenguaje, cómo es posible que la Mecánica, es decir, la rama más importante de la Física, pudiera progresar sobre la base de tales proposiciones y conceptos "sin sentido". Lo que debe reclamarse de la Metafísica es que tome cuenta de la nueva forma como sus mismos problemas se van presentando en el quehacer ordinario de las ciencias particulares, en vez de evadirlos limitándose a una pura ontología de lo humano(metafísicos de la pura ontología de lo humano que también nosotros los metafísicos de la Teoría del Cierre Categorial rechazamos con el mismo afán que los analíticos neopositivistas y físicos). La reclamación, si los físicos la hicieran en estos términos estaría justificada; más justificada que el indebido traslado de esos problemas epistemológicos y ontológicos al dominio de una ciencia particular como la Física, a la que no conciernen por principio. Que sean históricas también las ciencias naturales, e incluso la Lógica y la Matemática, es algo de lo que, a pesar de su significación radical, no ha derivado la Metafísica contemporánea todas la consecuencias, las cuales son, sin evasiva posible, revolucionarias para ella, lo mismo que para aquellas ciencias. Pero esta es una situación de hecho, indicio de la crisis de la ciencia, que en modo alguno afecta al fundamento de derecho de la Metafísica como ciencia de los principios, como ciencia fenomenológica del ser y del conocer, es decir, ciencia que se ocupa de los fenómenos reales, y procede de la experiencia. Ningún físico de importancia deja de advertir hoy que las proposiciones de su ciencia no tienen solamente un importe "físico", sino que traen implicaciones teóricas de orden "epistemológico" o heurístico, como se suele decir. Precisamente en nuestros dias, cuando se ha producido otra vez una aparente ruptura con los antecedentes, podemos advertir mejor la continuidad que mantiene la linea de tradición desde la Física antigua hasta la Física cuántica, pasando por la mecánica clásica. La idea de novedad absoluta, de ruptura con el pasado, o sea la creencia de que el presente cancela el pasado, queda eliminada en cuanto se percibe que la ciencia no es, ni podrá ser jamás, un sistema cerrado de verdades definitivas e inmutables. Es, por el contrario, un sistema histórico, o sea un sistema abierto, cuyas conclusiones tienen simpre el carácter de hipótesis. Lo que ya es definitivo es el convencimiento de que ningún esquema teórico puede ser definitivo. Pero este convencimiento, que a primera vista parece implicar una renuncia, una mengua de la dignidad tradicional de la ciencia, contiene realmente una ventaja: nos permite reconocer al fin la verdadera estructura interna de la Física, y plantear con claridad el problema de los principios de la ciencia en general; pues nos obliga a distinguir entre éstos, que han de ser permenentes y comunes a todas las ciencias, y los esquemas teóricos, que son transitorios. Para que este planteamiento alcance el debido rigor metódico, será preciso analizar filosóficamente, es decir, ontológicamente y epistemólogicamente la historia de la ciencia. Dicho de otra manera: la historia de la ciencia es parte integrante del propio quehacer científico, y no puede ya mantenerse separados el punto de vista histórico y el punto de vista sistemático. No basta ya como antaño mirar las cosas; es necesario además, para ver mejor estas cosas, que la ciencia no se pierda de vista a sí misma. Y esta reversión hacia el interior ha de recaer, sobre su estructura formal y sobre la estructura de su propio desarrollo histórico. Pero ésta es una tarea filosófica, no es una tarea de análisis lógico. Tomás Gonzáleztas co€è w« séoók÷g{cG_r[wWS¥OþKæ[Þ þÉw×sæoîk gIc9_L[jW›SzOþKæ[Þ €´ÿÿ¶ÿÿ8ÿÿlÿÿ½ÿÿ© ÿÿ\ÿÿÉÿÿ‚ÿÿÅÿÿûÿÿáÿÿcÿÿ˜ÿÿÿÿjÿÿlÿÿ|ÿÿ Arialnueva forma como sus mismos problemas se van presentando en el quehacer ordinario de las ciencias particulares, en