Glaciarismo pleistoceno. Cordillera Cantábrica (sector occidental) ©  Victoria Alonso



Periglaciarismo y Nivación



El término periglaciarismo se aplica a zonas con condiciones climáticas frías, próximas al medio glaciar, bien en el espacio bien en el tiempo, en las que la acción de la helada es el proceso dominante.
Los cambios de la temperatura atmosférica en torno a los 0ºC provocan la congelación y fusión alternante del agua que se encuentra en las partes más altas de la superficie terrestre. Los cambios de volumen en el agua, provocados por estas variaciones de temperatura, producen una expansión en el suelo o bien la rotura de las rocas debido a la presión generada dentro de sus poros o en las superficies de discontinuidad. Este proceso, además de generar derrubios, hace que el suelo se desplace en la vertical o lateralmente, adquiriendo una disposición distinta a la de partida al alcanzarse nuevamente el equilibrio.
En regiones alpinas, el medio periglaciar se asocia con frecuencia a la deglaciación. Al retirarse el hielo, el relieve tiende a reequilibrarse con las nuevas condiciones. Los procesos periglaciares, caracterizados no sólo por la repetición de ciclos hielo-deshielo, sino también por la acción fluvial, eólica... dan lugar a nuevas formas que, en muchos casos, se conservan aún cuando las condiciones actuales sean más cálidas.
En la Cordillera Cantábrica, las formas periglaciares se desarrollan principalmente en zonas con sustrato cuarcítico, pizarrosos, o bien en calizas tableadas. Las calizas masivas (ej. algunas formaciones de los Picos de Europa), con menos superficies de discontinuidad, producen por gelivación un volumen de derrubios menor.


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Crioclasticidad. En las zonas próximas a los 2.000 m de altitud y con sustrato cuarcítico la repetición de ciclos hielo-deshielo produce gran cantidad de derrubios a partir de los cuales se pueden originar diferentes formas periglaciares.
Ladera estructurada. Círculos de piedras que al aumentar la pendiente se alargan formando bandas. Junto con los glaciares rocosos, constituyen una de las formas periglaciares más características en esta zona.
Ladera estructurada. Ladera orientada al norte cubierta de bloques cuarcíticos que presentan una ordenación en bandas paralelas (sorted stripes) con morfología de crestas subrectilíneas que siguen aproximadamente la máxima pendiente.
Ladera estructurada. Detalle de la foto anterior en la que se puede ver la diferencia de tamaños de los clastos entre las bandas. La anchura de estas bandas varía entre 1 y 3 m.
Morrena de nevero. En esta zona, con sustrato cuarcítico, son frecuentes las morrenas de nevero. Las más desarrolladas tiene orientaciones próximas al norte. También se pueden encontrar formas intermedias entre glaciares rocosos lobados y morrenas de nevero.
Morrenas de nevero. Detalle de la foto anterior. Además de un arco principal orientado al noroeste, existen otras crestas de menor tamaño orientadas al oeste.



Glaciares rocosos


Probablemente el fenómeno periglaciar más llamativo, presente tanto en áreas glaciadas como no glaciadas, sean los glaciares rocosos. Son acumulaciones de detritos que presentan un microrelieve de crestas y surcos paralelos dispuestos perpendicularmente a la dirección de flujo, que se arquean hacia abajo. Su longitud y anchura varían considerablemente, dependiendo de las condiciones locales.
Desde un punto de vista genético se distinguen dos tipos: con núcleo de hielo (asociados al medio glaciar)y cementados por hielo (asociados al medio periglaciar). Las formas lobadas, más anchas que largas, se encuentran en la base de taludes de derrubios o de conos de derrubios y pueden presentar uno o varios lóbulos. Las formas en lengua, con mayor longitud que anchura, se extienden valle abajo, generalmente a partir de un circo glaciar. En algunas zonas (ej. Cordón del Plata, Argentina) se observa una transición de un glaciar que hacia el frente se encuentra cubierto de derrubios y, más abajo pasa a ser un glaciar rocoso.
Los glaciares rocosos de la Cordillera Cantábrica son formas fósiles (que ya no tienen hielo y están más o menos colapsados) y, en general, de pequeñas dimensiones. Se encuentran tanto formas lobadas como en lengua. Predominan las orientaciones próximas al norte y, en la mayoría de los casos, están formados por clastos cuarcíticos.


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Glaciares rocosos lobados. En el fondo de algunos circos con sustrato cuarcítico y orientaciones favorables, éstos están orientados al noreste, se encuentran a menudo glaciares rocosos lobados.
Glaciar rocoso lobado. Con el frente a 1.550 m, está formado por bloques cuarcíticos angulosos y presenta una única cresta y un surco frontal. Los líquenes que crecen sobre los bloques indican que se trata de una forma inactiva o fósil.
Glaciar rocoso en forma de lengua. Como las formas lobadas, también se sitúan preferentemente en circos con orientaciones próximas al norte. Además de las crestas y surcos transversales se distingue un surco central longitudinal, que se extiende hacia la parte alta. La concentración de gruesos en los surcos se debe a una eluviación de los materiales más finos.
Glaciar rocoso en forma de lengua. A diferencia del anterior, este glaciar rocoso se encuentra relativamente desligado de un circo. Presenta principalmente surcos y crestas transversales en su parte frontal. En la actualidad, sobre él se asienta una landa subalpina de enebro (Juniperus) y brezo (Erica).
Frente de glaciar rocoso. Aunque en el sector occidental de la Cordillera Cantábrica la mayor parte de las formas periglaciares se asocian a los afloramientos cuarcíticos, también hay algunos glaciares rocosos formados por clastos calcáreos.





Glaciarismo pleistoceno. Cordillera Cantábrica.
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