Glaciarismo pleistoceno. Cordillera Cantábrica (sector occidental) ©  Victoria Alonso



Introducción
Los últimos 2,5 millones de años de la historia de la Tierra se han caracterizado por una alternancia de condiciones frías con otras más cálidas. En las etapas frías, los glaciares llegaron a cubrir aproximadamente un tercio de la superficie de la Tierra, mientras que en los periodos más cálidos el desarrollo de los glaciares fue aún menor que el que tienen en la actualidad, cuando un 11% de las áreas continentales están cubiertas por hielo glaciar.

A nivel global, al subir las temperaturas, los frentes de los glaciares se fueron retirando progresivamente hacia los polos o, en latitudes más bajas, hacia zonas más elevadas. En el caso de la Península Ibérica, durante los periodos más fríos, las áreas montañosa estuvieron en gran parte cubiertas de hielo. En la actualidad, con un clima más cálido, la mayor parte de los glaciares han desaparecido, aunque aún se conservan pequeños heleros en la Cordillera Cantábrica y otras masas de hielo algo más importantes en los Pirineos.

La Cordillera Cantábrica es una cordillera de edad alpina que representa la continuación de la Cordillera Pirenaica hacia el oeste. Su generación se produjo durante el Paleógeno (Cenozoico) debido a la colisión de las placas Ibérica y Europea. La Cordillera Cantábrica presenta además una estructuración varisca heredada que, en parte, fue aprovechada durante la deformación alpina.

Mapa topográfico del sector de la Cordillera Cantábrica comprendido entre los puertos de Rañadoiro (por el oeste) y Pajares (por el este).

Las áreas en marrón oscuro corresponden a altitudes superiores a 2.000 m.


Esta cordillera presenta un trazado aproximado E-O, casi paralelo y próximo a la costa cantábrica, y altitudes que superan ligeramente los 2.000 m. La cumbre más elevada se encuentra, dentro del sector oriental, en el Macizo Central de los Picos de Europa: Torre de Cerredo, con 2.651 m). En el sector occidental destaca Peña Ubiña, con 2.411 m, que puede verse en la parte superior derecha del mapa anterior.



La Cordillera Cantábrica constituye una barrera climática importante.

Las zonas situadas al norte, expuestas a los frentes húmedos procedentes del norte y noroeste, presentan abundantes precipitaciones tanto en invierno como en verano.

En la vertiente sur de la cordillera, las precipitaciones se asocian principalmente a los frentes procedentes del suroeste y la nubosidad suele ser menor, lo que también hace que las heladas sean más frecuentes que en la vertiente norte.


Esta situación de proximidad a la costa y de barrera orográfica favoreció la formación de glaciares, durante los periodos fríos del Pleistoceno y Holoceno, en las dos vertientes de la cordillera. La alternancia de fases frías con otras más cálidas, así como el ascenso isostático de la Cornisa Cantábrica (que aún continúa en la actualidad), modificaron el relieve fluvial paleógeno. Desde las zonas elevadas, el hielo descendía ocupando valles preexistentes y modelando el relieve, aunque no siempre era canalizado por los valles, hacia zonas más cálidas donde se fundía.
Sin embargo, a pesar de que fueron agentes modeladores importantes, en algunas zonas los glaciares no llegaron a modificar por completo el relieve anterior, del que aún se conservan algunos rasgos principalmente en las zonas más elevadas.

Pico Bóveda (1.923 m), divisoria meridional de la cabecera del río Ibias.

En esta zona se pueden observar restos de superficies del Paleógeno (Cenozoico) que, a pesar del retroceso de las paredes de los circos glaciares, no han llegado a ser erosionadas por completo.

Los arcos de nieve ayudan a delimitar el borde de los circos orientados al norte.


El relieve glaciar y periglaciar del Pleistoceno y Holoceno, presente en diferentes lugares de la Península Ibérica no se corresponde con las condiciones de temperatura y precipitación actuales. Esto resulta especialmente evidente en áreas montañosas como la Cordillera Cantábrica. Los procesos posteriores han eliminado parte de las huellas dejadas por la actividad glaciar pleistocena, aunque, por encima de los 1.500 m de altitud es frecuente que diferentes formas erosivas y sedimentarias, originadas por procesos glaciares y periglaciares, se encuentren más o menos conservadas.

En la actualidad, el área glaciada más importante de la Península Ibérica se encuentra en los Pirineos, donde existe un número considerable de glaciares, aunque de reducidas dimensiones. Recientemente, también se han encontrado heleros (glaciares de muy pequeño tamaño) en la Cordillera Cantabrica, en zonas elevadas y protegidas de la insolación en Picos de Europa.
(ir a : Glaciarismo holoceno, Cordillera Cantabrica).




Glaciarismo pleistoceno. Cordillera Cantábrica.
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