| CRISIS DEMOGRÁFICA | ECONOMÍA Y SOCIEDAD | POLÍTICA INTERIOR DEL CONDE DUQUE |
| POLITICA EXTERIOR SIGLO XVII | LAS FORMAS DE GOBIERNO: LOS VALIDOS | LOS ARBITRISTAS |
CASTILLA
La Meseta fue el área de mayor
despoblación y ello no puede atribuirse sólo a razones biológicas, pues tras la
gran epidemia de 1598-1601, sufrió sólo
algún contagio de menor importancia. Habrá que explicar este gran retroceso
demográfico por las adversas circunstancias socieconómicas que generaron
tendencias emigratorias.
En Andalucía,
ARAGÓN
Por
otro lado, el panorama urbano
cambió. La casi totalidad de las ciudades de la meseta (excepto Madrid por el
efecto de la capitalidad) sufrieron descensos profundos de población por
ejemplo. En los reinos de
La emigración a las Indias
que solo supuso unos centenares de pasajeros en cada flota, aunque hay que
tener en cuenta que era población joven con mayor natalidad y menor mortalidad.
El estado de guerra casi continuo sí
fue un factor de peso, por las pérdidas militares, la inseguridad, los
desplazamientos forzosos, saqueos, presión fiscal, miseria… con matrimonios
tardíos, no consumados o prematuramente rotos.
La expulsión de 300.000 moriscos
tuvo una repercusión desigual, fortísima en tierras valencianas y prácticamente
nulas en el noroeste peninsular.
Las epidemias,
(sobre todo la peste bubónica transmitida por ratas pulgas), afectaron con
variable intensidad a toda Europa. Tres grandes invasiones epidémicas se
registraron en este siglo:
Los
efectos materiales y morales de todas ellas fueron terribles: interrupciones
del comercio, desnutrición, pesimismo ante la vida e hipersensibildad
colectiva, odio de clases y agresividad.
El celibato eclesiástico,
factor al que los ilustrados y liberales de los siglos XVIII y XIX otorgaron
gran importancia, no tuvo tanta teniendo en cuenta al 3% de población que se
podía ver afectada.
Esta desgraciada medida se produjo a partir del
decreto de 1609. Como los judíos en 1492, también habían sido
ya expulsados los mudéjares (musulmanes) de Castilla en 1502.
Los que, para poder quedarse, aparentemente accedieron a una conversión que
resultaba forzada, pasaron a ser llamados moriscos. Siguieron
con sus vestimentas y costumbres e incluso con su islamismo poco disimulado.
Los nobles que los tenían como colonos en sus tierras o como artesanos a sueldo
los protegían. Especialmente en
La presión de la mentalidad que había llevado a la
expulsión de los judíos y a implantar la exigencia de limpieza de sangre exigía la
asimilación o la expulsión y se complicaba hasta la indignación y la
preocupación de los dirigentes políticos cuando se van produciendo
insurrecciones como la de las Alpujarras en 1568 y, sobre todo, cuando se va
descubriendo la connivencia y la conexión con enemigos exteriores, como los
turcos y berberiscos islamistas, los ingleses y los franceses. Porque en 1582
ya se había decidido en el Consejo de Estado, pero no se podían traer las
embarcaciones y las fuerzas militares necesarias para llevarla a cabo para no
desguarnecer los muchos frentes bélicos abiertos.
En la época de Felipe III se firman acuerdos que
aplazan los problemas bélicos y eso permite utilizar las fuerzas navales y
militares en la expulsión de los moriscos. Hay
autores que ven en la expulsión de los moriscos, un acto de fuerza de
afirmación religiosa por parte de
El trauma para los moriscos fue espantoso. Los daños
demográficos y económicos para España fueron muy graves, sobre todo porque ya
se iniciaba la crisis económica y demográfica.
El número de los que salieron expulsados se estima en
300.000. Habitaban en los reinos
de Castilla 130.000; en el de Valencia, 150.000; en el de Aragón, 200.000; en
Cataluña, 6.000. Los de Castilla sí que estaban más integrados e incluso
mezclados con el resto de la población. Muchos consiguieron ocultarse y
mezclarse en todas partes. A la larga, los que se quedaron se diluyeron.
2.- ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN ESPAÑA EN EL SIGLO XVII
ECONOMÍA
El siglo XVII es un siglo de crisis
económica, la capacidad de los territorios para seguir proporcionando ingresos
para sostener el esfuerzo bélico había llegado a su límite.
Los sectores económicos acusan esta crisis:
AGRICULTURA
Como consecuencia del descenso demográfico
se acentúa la escasez de mano de obra, que junto al aumento de la presión
fiscal (aumento de impuestos) y de la presión de los grandes terratenientes
provocará la ruina de muchos campesinos que se convirtieron en jornaleros,
cuando no en mendigos que ante la falta de recursos emigran a las ciudades.
La nobleza terrateniente acrecienta la
extensión de sus propiedades, no invierte en las nuevas técnicas agrícolas que
se empiezan a desarrollar en algunos lugares de Europa.
GANADERÍA
El sector ganadero entra en una profunda
crisis, con una Mesta cada vez más empobrecida. El sector ganadero ovino,
tradicional sustento de la ganadería castellana entra en una profunda decadencia
frente a sus competidores ingleses y ante la situación de guerra continua en
los mercados de Flandes.
ARTESANÍA
Las escasa demanda así como la poca
inversión en el sector (la nobleza y la escasa burguesía preferían invertir en
tierras y préstamos que en una incipiente industria), determinó una falta de
renovación tecnológica, una subida de precios y por tanto una nula
competitividad respecto a los productos extranjeros, que acabaron por arruinar
a las industrias locales.
COMERCIO.
El comercio estaba básicamente orientado a
las Indias, que también entran en un reajuste económico. Las colonias
americanas entran en un proceso de autoabastecimiento que provoca el descenso
de la demanda de productos peninsulares y de los flujos comerciales.
La situación crítica y el ataque de los
ingleses, holandeses y piratas en el Caribe a las flotas de Indias, reducen las
remesas de plata.
SITUACIÓN DE LA
CORONA.
La monarquía se encuentra en una situación
de crisis continua llegando a declarar bancarrotas
sucesivas en 1598, 1607, 1627 y 1647.
Lo que le llevó a tomar medidas extraordinarias en la recaudación de
impuestos, solicitando un impuesto de “millones”
(nuevo impuesto por el que se pretendía recaudar 8 millones de ducados en seis
años). Este impuesto se aplicaba a los artículos esenciales, por lo que
afectaba a toda la población, incluso a la nobleza, aunque esta pueda
autoabastecerse.
Igualmente
Se emitió también moneda de vellón
(rebajando la calidad de la plata y oro de las acuñaciones con cobre), lo que
motivó un alza de precios, dado que la emisión de moneda de vellón, significaba
una devaluación de la moneda.
La sociedad española representa el modelo
de sociedad del Antiguo Régimen: estamental, con dos sectores privilegiados:
Nobleza y Clero y un resto de población cada vez más empobrecida.
El sector nobiliario aumentó por la venta
de hidalguías, otro recurso de los reyes para ingresar más dinero, así como
aumentó también el clero con las continuas fundaciones de órdenes religiosas,
conventos y monasterios, (“que daban brazos a Dios, pero se los hurtaban al
Rey”).
El resto de la población vive una época de
crisis social y económica, pero aferrada a los mitos de la forja de un imperio
y a las glorias pasadas. A la vez que se aprecia un gran momento cultural: El
Siglo de Oro del arte y la literatura, que a su vez refleja esta sociedad,
enferma y pobre.
La vida ociosa de la nobleza se traslada
como modelo social a las clases bajas, que añoran una vida ociosa y rentista,
que acabará dañando el sentido nacional, impregnándolo de fatalismo. “Para
que planear, para qué ahorrar, para qué
trabajar. A la vuelta de la esquina aparecerá el milagro o el desastre”. No
merecía envilecerse en el trabajo manual, cuando ocurría muy a menudo que el
holgazán, el mendigo y el trabajador no obtenían recompensa: “queremos comer
sin trabajar”

| Unión de Armas |
| Sublevación de Cataluña |
| Revolución portuguesa |
| Conspiraciones en Andalucía y Aragón |
| Levantamientos en Sicilia y Nápoles |
Va a estar marcada por el proyecto centralizador (no tanto castellanizador, éste es un concepto más bien anacrónico), que buscaba la eficacia del gobierno de una monarquía tan extensa territorialmente, y como una forma de aumentar el poder de la propia monarquía, en una época de acuciante crisis económica.
La Hacienda Real ya se había declarado en bancarrota en 1598 y en 1607, por lo que muchas de las reformas del Conde-Duque buscaban paliar esta situación tan desastrosa, tanto reduciendo los gastos, como aumentando y redistribuyendo los ingresos fiscales.
Uno de los objetivos de su política centralizadora se basaba en la contribución de todos los reinos, en la medida de sus posibilidades en el mantenimiento del conjunto de la monarquía y en especial del esfuerzo bélico (la guerra de los treinta años), que recaía sobre las arcas y los hombres de Castilla.
Este proyecto centralizador se plasmó en el informe elevado al Consejo de Estado en noviembre de 1625, y del que una parte, la que se hizo pública, ha pasado a conocerse como la “Unión de Armas”. Y que consistía en la creación y mantenimiento de un ejercito de reserva de 140.000 hombres en el que colaborarían todos los territorios de la monarquía: desde las Indias, hasta el Milanesado.
Se necesitaba que este proyecto fuera aprobado por las Cortes de los distintos estados, y así se preparó en 1626 el viaje del rey Felipe IV hacia Aragón, Valencia y Cataluña, para ser aprobado por las Cortes de la Corona aragonesa. El proyecto no fue aprobado tal como estaba planteado por el Conde Duque, aunque si hicieron los distintos estados un esfuerzo económico en forma de impuestos, también necesarios, a lo largo de 1626 y 1627 el proyecto “Unión de Armas” fue publicado pero muy modificado del plan inicial.
Pero el momento más critico del gobierno del conde duque de Olivares, se va a producir en 1640, el annus horribilis de la monarquía hispánica.
Cataluña no era en el siglo XVII una región rica ni demográfica ni económica, por lo que se rechazó en 1626 el esfuerzo que la monarquía les pedía, además de que algunas de las pretensiones políticas del valido, iban en contra de las leyes del Principado.
En 1635 Francia entra en la guerra de los Treinta años, y las operaciones militares se trasladan a la frontera franco-catalana, El Conde Duque exige que se cumpla lo convenido en el proyecto aprobado de la Unión de Armas, contando con la reticencia de las instituciones catalanas. Además el alojamiento de las tropas reales van a provocar enfrentamientos entre campesinos y soldados que terminaron con el levantamiento del día 7 de junio de 1640, el Corpus de sangre cuando los segadors y los grupos inferiores urbanos se hicieron con el control de Barcelona, dirigidos por el canónigo de Urgel: Pau Claris, asesinando al Virrey. Este movimiento, de carácter social, se extendió por todo el Principado y fue seguido por una revolución política, dirigida por la Diputación, que pidió ayuda a Francia, nombrando Conde de Barcelona al rey francés Luis XIII. Esta rebelión tiene un valor simbólico para el nacionalismo catalán de forma que "els segadors" es el himno nacional de Cataluña
La guerra se extendió por el Principado, con dos ejércitos el realista español y el francés ocupando el territorio. El fin de la guerra de los Treinta Años, retiró a Francia de la contienda, pero siguió una guerra de sometimiento a los rebeldes catalanes a cargo de don Juan José de Austria. . Barcelona se sometió a Felipe IV en 1652. El monarca otorgó su perdón general y se comprometió a respetar las leyes y privilegios del Principado con la confirmación de sus fueros el 3 de enero de 1653.
Precedentes: Debida a las quejas
de la corrupción de los virreyes, el
olvido de sus leyes y privilegios,
malestar de la nobleza (sin Corte de
quien obtener privilegios), el descontento
de los sectores económicos que perdían sus intereses de ultramar... atacados
continuamente por holandeses e ingleses, y ante los que los esfuerzos españoles
por defenderlos resultaban inútiles. En 1637 el gobierno castellano
pide más impuestos, estallando disturbios en Evora, el Alentejo y el Algarve.
En 1640 el estallido de la guerra en Cataluña permitió una conjura palaciega por la que expulsaron a la virreina, Margarita de Saboya, y proclamaron al Duque de Braganza rey de Portugal (Juan IV). Todo el país respaldó esta actuación que fue reconocida por las Cortes.
Tras varias batallas Montijo, Elvas, … en 1668 se reconoció la independencia de Portugal por el tratado de Lisboa, por el que la monarquía hispánica renunciaba a sus derechos sobre Portugal y sus posesiones de ultramar, a cambio de Ceuta, que pasa a la monarquía hispánica.
Conspiraciones en otras zonas de la península:
Fueron encabezadas por nobles bien descontentos, enemigos del valido, y que tuvieron como objetivo una independencia respecto a la monarquía, fueron atajadas y no trascendieron a otros sociales, siendo sus cabecillas más importantes desterrados y otros ejecutados.
Andalucía occidental, a cargo del duque de Medina-Sidonia
Aragón a cargo del duque de Hijar.
Levantamientos de Sicilia y Nápoles 1647 : Los problemas fiscales, las malas cosechas y las tensiones entre nobleza y Tercer Estado provocaron estas tensiones en la década de 1640.
La mala situación de los grupos inferiores del Tercer Estado: respuestas a la presión fiscal, la manipulación monetaria... En España fueron más frecuentes en la ciudad y respetaban al monarca “Viva el rey y muera el mal gobierno”.
Los intentos de reforma del
Conde-Duque fueron un fracaso. A finales del siglo hubo un resurgimiento del
foralismo. La periferia consiguió resistir los intentos de vinculación a
Castilla que perdió su posición hegemónica.

5.- LA FORMA DE GOBIERNO: LOS VALIDOS
En el sistema absolutista el valido, como persona de confianza del rey y gestor del poder, tiene un papel decisivo en la práctica del gobierno, en la política del día a día.
No era exactamente un Primer Ministro, era más un hombre de total confianza del rey al que acaba sustituyendo en todas las tareas de decisión. Durante el siglo XVII español esta forma de gobierno se impuso dadas la poca energía, independencia de criterio y trabajo, de los monarcas: Felipe III, Felipe IV y Carlos II.
Si durante el siglo anterior ya se habían hecho famosos los “espejos de príncipes” (tratados de teoría política para el buen gobierno de los reyes) en este siglo va a aumentar la literatura de los “espejos de los gobernantes, ministros o validos”.
Hay que destacar que esta figura del valido no es única en la monarquía hispánica, personajes como los cardenales Richelieu y Mazarino en Francia o Buckinham en Inglaterra son equiparables en importancia y funciones a las de los validos españoles.
FELIPE III (1598-1621)
El joven e inexperto rey otorgó grandes poderes a Francisco Gómez
de Sandoval marqués de Denia y más tarde duque de Lerma. Este
personaje
hizo del enriquecimiento personal y familiar el eje de su política.
Mostró desinterés en los asuntos de política exterior que quedaron en manos de
los hábiles funcionarios formados en la escuela del siglo anterior y que se
afanaron en mantener el prestigio imperial, fruto de ello es un relativo
periodo de tranquilidad en este periodo (tregua de los 12 años, paz con
Inglaterra, ... ) El duque de Lerma
temeroso ante el aumento de su desprestigio político consiguió del Papado ser
nombrado cardenal. Dice una
coplilla popular que "para no morir
ahorcado, el mayor ladrón de España se vistió de colorado" en clara
alusión al duque de Lerma ya que consiguió el capelo cardenalicio momentos
antes de su caída, evitando así todo tipo de procesos que le hubieran
condenado, sin lugar a dudas en 1618.
En el cargo de valido fue sustituido por su hijo el duque de Uceda, que no tuvo escrúpulos en apoyar a los enemigos de su padre, mintiéndose en el poder hasta 1621 fecha en que falleció en monarca.
FELIPE IV (1621-1665)
El nuevo rey nombrará a D. Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde de Olivares y duque de Sanlucar, que pasó a ser conocido
como el Conde-Duque de Olivares. Al igual
que los anteriores validos favoreció y sitúo a familiares y amigos en puestos
de relevancia, pero se distinguió por intentar una política de reformas
necesarias para la monarquía, lo que le llevó a enfrentarse con innumerables
enemigos, a veces de manera despótica y autoritaria, lo que con el tiempo
aumentó su descrédito, de forma que
cuando el fracaso de sus reformas y la gran crisis de 1640 provoquen su caída
en 1643, ésta será saludada por todos los puntos de la monarquía, siendo además
desterrado y encausado por la Inquisición.
Los puntos fuertes de su política serán:
Luis Méndez de Haro, sobrino del Conde-Duque, fue encargado por Felipe IV como nuevo valido, hábil diplomático más que eficaz político, tuvo que preparar todas las paces y tratados que las derrotas militares impusieron a España. Westfallia (1648), Paz de los Pirineos (1659), fin de la rebelión de Cataluña (1652).
CARLOS II (1665-1700)
Durante la minoría de edad del Rey, la regencia estuvo en manos de su madre Mariana de Austria, quien puso en gobierno en manos de su confesor, el jesuita Padre Juan Ervando Nithard, a quien nombró Inquisidor General, quedando la política española en manos de los asesores austriacos de la reina.

El hijo bastardo de Felipe IV, don Juan José de Austria, intentó hacerse con el poder sin éxito, aunque consiguió dar un golpe de estado en 1669 y provocar la caída de Nithard, no fue nombrado valido, sino que el poder pasó a manos de Fernando de Valenzuela. En 1677 el joven y débil rey Carlos entregó el cargo de valido a don Juan José de Austria, sin embargo la muerte de éste en 1679 volvió a dejar vacante un puesto en que se sucedieron varios políticos: duque de Medinaceli, conde de Oropesa, el cardenal Portocarrero, y por último la influencia política de María de Neuburgo última esposa de Carlos II. Todos ellos de escaso altura política y que certificaron la decadencia política española.

La sociedad española del siglos XVII no solo era una sociedad en crisis sino una sociedad con “conciencia de esa crisis”.
Los arbitristas fueron un grupo de pensadores, economistas, juristas, incluso novelistas (Martín González de Cellórigo, Sancho de Moncada) reflexionaron, meditaron sobre los males de una sociedad enferma. Los arbitristas llamados así porque expusieron “arbitrios” remedios, soluciones para estos males, constituyen el desesperado intento de descubrir hasta que punto la realidad había sido confundida o engañada por la ilusión.
Una ilusión basada en triunfos lejanos, en la conquista de un imperio y en la defensa de la verdadera fe; una realidad reflejada en la pobreza de unos campos, el hambre de sus gentes, la abundancia de mendigos.
Entre los problemas que aparecen en los arbitrios destacamos:
Propusieron cientos de proyectos de reforma, soluciones algunas descabelladas (que hizo durante algún tiempo que tuvieran mala fama en el estudio del pensamiento político español) otras completamente factibles, la mayoría de las cuales no se llevaron a cabo por la incompetencia del gobierno de algunos validos y sus consejeros y otras porque atacaba a privilegios de determinados sectores sociales.
Aunque los historiadores actuales
han revalorizado su figura, la palabra «arbitrista» ha tenido hasta hace poco
una consideración negativa, se ha
hablado de las «perjudiciales quimeras de los arbitristas». Una imagen
aún más clara de la mala prensa que tenían estos personajes se puede observar
en el nada sospechoso Quevedo, que les cambio el nombre por el de «barbitristas»
y escribió que «el Anticristo ha de ser arbitrista». Cervantes los
ridiculiza, y no sólo en las Novelas Ejemplares, sino también en el Quijote.
La mayor parte de las obras se publicaron en el siglo XVIII cuando los
pensadores ilustrados empeñados en la misma tarea recogieron parte de sus
enseñanzas y advertencias.